Poemas, cuentos y otras yerbas
Mi nombre es Daniel Calleja y escribo desde que tengo memoria. La idea de estas páginas es compartir con quienes lo deseen mis cuentos, poemas y algunos escritos que no caben dentro de ninguna definición. No soy profesional, la escritura no es mi fuente de ingresos, pero si soy alguien que ha estudiado el tema y tratado de perfeccionarse cada vez más sin perder la autenticidad .
GRACIAS
lunes, 24 de marzo de 2025
EJERCICIOS DE ESCRITURA 4
sábado, 15 de marzo de 2025
Más allá de miradas y silencios
Más allá de miradas y silencios
Pude ver más allá de las miradas
y escuchar más allá de los silencios
a la voz y la imagen del futuro
a la voz y la imagen de otros cielos
Pude ver mundos nuevos y fraternos
con justicia y en paz, siempre sonriendo
Pude oír los lamentos de otras tierras
arrasadas por muertes y tormentos
Pude ver las galaxias colapsando
y mil soles flotando en el silencio
y escuché decir a mis hermanos
que la tierra agoniza sin remedio
Que la selva sin árboles hoy llora
por su flora depredada y su vacío
por el hombre, que tonto enceguecido
va marchando camino del suicidio
Hoy he visto los anillos de Saturno
que bailaban al son del universo
y a mí tierra, que triste y aburrida
se dejaba caer en el infierno
Los volcanes responden con enojo
y arrojan hacia el cielo sus lamentos
y los sabios alertas nos predicen
los males del efecto invernadero
Pude ver el futuro de un sistema
de planetas y sol surcando el cielo
y el tercero, por culpa del humano
tan solo convertido en cementerio
viernes, 28 de febrero de 2025
EJERCICIOS DE ESCRITURA 3
Otra vez de la mano de literautas , llega un nuevo desafío de 750 palabras con una consigna obligatoria y una opcional, La frase "Había una grieta en la pared" debía aparecer tal cual en el texto. Lo opcional era usar el narrador testigo. Todo un desafío para mí, amante de escribir en primera persona. Espero les guste.
LA GRIETA
—Había una grieta en la pared —afirmó el comisario Enzo Flores. De eso puedo dar fe.
El forense se rascó la cabeza y pasó la mano enguantada por la pared.
—Eso es imposible —replicó el perito—. Esta pared está demasiado perfecta. Ni siquiera tiene pintura descascarada ni retoques frescos.
—Mi ayudante también la vio.¿No es así, cabo?
—Sí, señor comisario —contestó veloz como el rayo.
El forense me hizo apagar la luz y revisó todo con el foco ultravioleta.
—Nada en la pared, nada en el piso,nada de nada en ningún lado. Como broma ya es suficiente —protestó Julio, el perito forense—. Me hacés venir hasta acá en el medio de la peor tormenta en años para tomarme el pelo. ¿Qué hay del otro lado de esta pared?
—Supongo que el patio trasero. No hay más habitaciones para allá —informó el comisario.
—Deberías salir a ver y confirmarlo.
—Cabo Reyes, vaya a ver —ordenó Flores.
El cabo fue presto a cumplir la orden y volvió empapado y tembloroso.
—No hay nada señor comisario —apuntó. Puros yuyos y barro.
—Supongo que revisaste la pared del lado de afuera.
El cabo no contestó y salió corriendo. Volvió un minuto después.
—La pared está muy mojada, pero no tiene grietas —dijo al regresar.
El pobre cabo temblaba de frío. El forense se volvió hacia mí.
—¿Y usted qué hace acá?
—Solo observo —contesté lacónico. Soy el cerrajero.
—¿Vio la grieta usted también?
—La vi. Iba de abajo arriba ensanchándose.
Julio caminó de un lado a otro de la pieza.«No entiendo que hacemos acá» dijo a modo de protesta.
—Llamó una vecina —aclaró el comisario—. Ruidos, golpes, luces y la familia que desapareció. Según ella. Pero la mesa está servida.
—Pueden haber salido de apuro —sugirió con timidez el cabo. No hay ningún auto en el garaje.
—Y la grieta, ¿desapareció de golpe? —preguntó Julio.
El comisario se rascó la cabeza.
—Puede ser. Salimos a hablar con la vecina que vino corriendo apenas llegamos. A los pocos minutos entramos y ya no estaba.
—Capaz que la grieta era un portal interdimensional —dijo el imberbe cabo.
—No diga pavadas muchacho. Tanto leer esos libros raros le hacen creer cualquier cosa.
—Las grietas normales no se cierran solas —apuntó con firmeza el cabo.
El comisario abrió la boca pero no llegó a decir nada. Tomó una manzana de la mesa y le clavó los dientes.
—¡La puta madre, me arranqué un diente! —gritó molesto.
El cabo Reyes se acercó a la mesa y revisó la comida.
—Parecen ser de utilería señor comisario.¡La grieta, apareció de nuevo!¡Ay mamita!
Luego todo pasó demasiado rápido. El comisario disparó contra la grieta haciendo un agujero en la pared. La puerta principal se abrió y un nuevo disparo pasó zumbando junto al recién llegado, que se tiró al piso. Yo no podía creer lo que veía. Tarros de pintura y pinceles rodaron por el suelo frente al hombre. El pobre no entendía nada.
—¿Quién es usted?¿De dónde viene? ¿Qué hizo con la familia López? ¿Adónde lleva esa grieta?—preguntó Flores mientras le apuntaba nervioso.
—Si guarda el arma le cuento. Por favor. Se le va escapar un tiro.
Enzo Flores guardó la pistola y tomó asiento. El cabo estaba revisando la grieta.
—Caray, es una….. ¿proyección? —preguntó rascándose la cabeza.
—Lo es—respondió el recién llegado. Y esta casa es un set de cine por un par de semanas. La familia está en un hotel pagado por la productora. La proyección no queda bien en cámara, así que voy a pintar la falsa grieta de verde para crearla después. Con la computadora—aclaró.
—Mirá vos—dijo Flores—. Casi te pego un tiro. El bobo del cabo me puso nervioso con sus inventos. Portales dimensionales. Familias secuestradas.
Pero, espere, la mujer que llamó dijo que vio luces raras y escuchó gritos.
El hombre apretó un botón en lo que parecía ser un control remoto y la habitación fue un caos de luces y gritos durante unos segundos.
—Efectos especiales—dijo dándose aires de superioridad.
—Bueno, es hora de irnos—dijo aliviado el comisario—. Julio, cabo, cerrajero. Ni una palabra a nadie de esto. No quiero ser el hazmerreír del pueblo. ¿Está claro, no?
No respondí y procedí a colocar la nueva cerradura mientras el hombre de los efectos pintaba. Lo que no le dije a nadie era que además de cerrajero era un periodista en ciernes. Y no iba a desperdiciar una historia tan jugosa. Ni loco que estuviera.
miércoles, 19 de febrero de 2025
ERA ÉL
Alma estaba radiante. Sus ojos, tantas veces opacados por las lágrimas. eran el más fiel reflejo de su felicidad. Mi corazón se estrujaba al pensar en la tristeza que mi confesión le provocaría , pero no podía postergarlo más. No era justo.
Conocí a Alma seis meses atrás, en la unidad de trasplantes del hospital , donde firmaba la autorización para disponer de los órganos de su esposo, fallecido en un accidente de transito. Ojos, hígado, riñones, incluso los pulmones habían quedado intactos, pero no su corazón. Estalló como una bomba de tiempo mal ajustada. El auto se movió suavemente, sin golpear a nadie más, hasta detenerse solo. Un milagro.
No quería perder el duende de su sonrisa, pero la culpa me estaba matando.
Ese día en el hospital, su voz firme y serena me impresionó. Mis ojos, casi inútiles desde la cuna, esperaban el milagro de un doble trasplante , que llegó de la mano con su viudez.
- Sé que tienes sus ojos- me dijo sin perder la sonrisa-pero no eres él. Y no me enamoré de ti por eso, ni siento que él me mire. Son sus ojos, pero no es mirada. Esos ojos no me miran con rencor, no me maltratan.
Incapaz de disimular mi sorpresa, solo atiné a besarla con ternura.
-Fue un doble milagro , cariño. O triple. Porque yo iba a morir ese día y en realidad volví a nacer. El café envenenado era para mí, no soportaba más el maltrato y no sabía como salir. Nadie me creía. Para los demás era un hombre ejemplar. Él nunca tomaba café, pero ese día me quitó el mío de las manos y me tiró al piso. Le dije que no lo tomara. Pero como él era quién mandaba. Era él.
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