Poemas, cuentos y otras yerbas
Mi nombre es Daniel Calleja y escribo desde que tengo memoria. La idea de estas páginas es compartir con quienes lo deseen mis cuentos, poemas y algunos escritos que no caben dentro de ninguna definición. No soy profesional, la escritura no es mi fuente de ingresos, pero si soy alguien que ha estudiado el tema y tratado de perfeccionarse cada vez más sin perder la autenticidad .
miércoles, 25 de febrero de 2026
LA CULPA
viernes, 20 de febrero de 2026
Y me preguntas por qué
Me preguntas por qué escribo,
(por qué necesito hacerlo)
para qué lo hacés, me dices
si quizás nadie te lea
y si te lee no entienda
y si lo entiende se burle
te diga que porquería
cuantas palabras gastadas
y al final, la nadería
Me preguntas por qué escribo
si leer pasó de moda
si hacer tiktok es más fácil
mucha más gente los mira
aunque teniendo esa cara
y esa voz de porquería
que a duras penas se entiende
entiendo que no lo harías
Me lo preguntas de nuevo
¿no te sirve mi respuesta?
¿No entendés que necesito
hacerlo aunque no se venda?
Que las palabras del alma
se agolpan contra mi puerta
porque me duele la vida
porque me mata la guerra
y necesito sacarlas
gritarlas aunque me duela
pues si quedan adentro
el alma se me envenena
Ya no preguntes, so necio
yo no espero que lo entiendas
igual que yo no comprendo
tu pasión por la riqueza
que todo midas en plata
tu amor por acumular
nada te vas a llevar
cuando dejes este mundo
bien ligeros de equipaje
la parca nos llevará
y de nada servirá
todo eso que ganaste
solo el amor que sembraste
para siempre vivirá
miércoles, 11 de febrero de 2026
DOÑA CHOLA
Recuerdos de mi lejana infancia. De aquella vecindad de puertas abiertas y manos extendidas. Una mujer que dejó una marca imborrable en mi vida. Ejemplo de generosidad y valentía. Una de esas tantas mujeres anónimas que si no existieran, habría que inventarlas.
Recordando a Doña Chola.
Vecina solidaria, amiga de la familia en general pero más que nada de mamá, doña Chola fue una presencia constante durante mi infancia y fundamental en la consecución de mi primer trabajo fuera de casa. El primero fue como aprendiz de hojalatero con mi querido abuelo Miguel en la casa donde me crie, en el barrio Capurro de Montevideo.
Mi tarea consista en lavar botellas de vidrio que su hijo usaba para envasar productos de limpieza fabricados por él de manera artesanal, en los comienzos de una pequeña fábrica que con los años crecería hasta hacerse un lugar en el mercado capitalino.
En una pileta doble de lavar ropa, ella ponía en remojo las botellas que tenían etiqueta para facilitar su retiro, un par de horas antes de mi llegada. Yo trabajaba seis horas de lunes a viernes en un ambiente donde tanto Chola como su familia me trataban como si fuera un miembro más de la misma.
El dinero que ganaba no era mucho, pero me servía para pagarme mis estudios de dibujo por correspondencia e ir al estadio todos los fines de semana, además de comprar algo de ropa y ayudar con los gastos de la casa.
Todo esta cháchara no es más que una excusa para recordar a esta querida vecina, que cuando tenía que quedarme un rato más trabajando me preparaba un refuerzo con queso y dulce de membrillo acompañado de una taza de cocoa, fría en verano, caliente en invierno y me obligaba a sentarme a merendar. Que siempre estaba para dar una mano cuando alguien estaba enfermo o precisaba ayuda. Que siempre tenía abiertas de par en par las puertas de su casa.
Que se preocupaba cuando el agua de lavar estaba muy fría y se ocupaba de hervir agua en una olla para templar el contenido de la pileta. Que me alcanzaba una fruta a media tarde para obligarme a hacer una pequeña pausa en mi tarea. No sea cosa que un jovencito de quince años se cansara mucho por estar algunas horas parado.
Cuando no tenía clientes en su pequeño quiosco ni estaba muy ocupada con las tareas del hogar, se acercaba a acompañarme un rato, para preguntar si no precisaba nada, si estaba tomando suficiente agua o precisaba ir al baño.
La vida no fue muy amable con ella y le tocó sufrir algunas pérdidas de esas que por absurdas e inesperadas, son aún más dolorosas. Sin embargo, ella siguió adelante con la frente en alto y regalando esa sonrisa y bondad que la caracterizaban.
Tenía algo más de ochenta años cuando la muerte se la llevó de manera insólita e inesperada. Mientras esperaba para cruzar la calle, un camión marcha atrás la golpeó en la cabeza, terminando con su vida. Aún recuerdo la tristeza de mamá (y la mía) cuando me comunicó su partida.
Congoja que me asalta mientras plasmo estos recuerdos en el papel. Trato de recrear en mi mente aquella sonrisa cálida con que me recibía cada día cuando llegaba a trabajar. Es la mejor manera de recordarla.
domingo, 1 de febrero de 2026
CAMBIO DE CUERPO
Un cuento bien corto y quizá bastante tonto. Pero a veces la creatividad nos lleva por caminos muy extraños. ¿Qué pasaría si un día te despertaras en un cuerpo que no es el tuyo?
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SE AGRADECEN LOS COMENTARIOS. ES BUENO SABER QUE HAY SERES HUMANOS DEL OTRO LADO DE LA PANTALLA. Si hay ...
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