domingo, 1 de febrero de 2026

CAMBIO DE CUERPO

 Un cuento bien corto y quizá bastante tonto. Pero a veces la creatividad nos lleva por caminos muy extraños. ¿Qué pasaría si un día te despertaras en un cuerpo que no es el tuyo?

¿NO NOTÁS NADA RARO?

 Bajé de la cama con una facilidad extraña, como lo hacía muchos años atrás. Los huesos de mi espalda baja, esos que me impedían agacharme, se sentían super flexibles. 
  Medio dormido aún, observé las paredes de mi cuarto para asegurarme que no estaba soñando. Sin duda ese era mi dormitorio, esa era mi cama, pero algo no cuadraba. 
  En un gesto típico cuando me sentía desconcertado, llevé mi mano a mi calva y, ¡oh, sorpresa!, mis dedos se enredaron en una maraña de pelo ensortijado. ¿Me había puesto una peluca acaso? Había quedado calvo muy joven, y siempre había bromeado con comprar una. Tironeé  para sacarla y el dolor me hizo lanzar una interjección.
  —¡Maldición. Esta cosa está pegada!
Acaricié mi panza cervecera, y casi me desmayo. La grasa abdominal había desaparecido. Mis manos se veían demasiado delgadas. Mis piernas igual. Y largas además.
  Corrí hacia el baño, desesperado. Me golpeé la cabeza con el marco de la puerta y el espejo me devolvió la imagen de un joven alto y delgado, con abundante pelo y al menos con veinte años menos. Cuando escuché que mi esposa se levantaba, tranqué la puerta del baño. Ella golpeó.
 —No puedo abrir ahora —respondí con una voz demasiado aflautada para ser la mía.
 —Por favor, abre. Me estoy meando.
Sin saber qué decir abrí la puerta. Ella me saludó con su habitual beso matutino.
 —¿Te pasa algo? —preguntó —. No tienes buena cara.
 —¿No notás nada raro? —pregunté, al borde de la locura.
Ella me miró de arriba abajo. Luego dijo, tratando de aguantar la risa:
  —Te pusiste dos medias de distinto color. Cambiate antes de ir al trabajo. Qué después te quejás que te agarran de punto.

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