Mi nombre es Daniel Calleja y escribo desde que tengo memoria. La idea de estas páginas es compartir con quienes lo deseen mis cuentos, poemas y algunos escritos que no caben dentro de ninguna definición. No soy profesional, la escritura no es mi fuente de ingresos, pero si soy alguien que ha estudiado el tema y tratado de perfeccionarse cada vez más sin perder la autenticidad .
miércoles, 23 de septiembre de 2026
NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES
martes, 11 de agosto de 2026
MI AMIGO AGUSTÍN
Un visitante de una instalación llena de "obras de arte", se quitó una zapatillas y minutos después, se llenó de personas mirando el calzado y debatiendo sobre el significado de la falsa obra. Una banana pegada con cinta pato a la pared y una base que contenía "La nada misma" se vendieron por altos precios. Yo no soy especialista, pero me niego a considerar arte verdadero semejantes extremos. En esta historia ficticia, un pintor dotado de un talento y una sensibilidad exquisitos, llega a ser famoso vendiendo mamarrachos nacidos como.... Bueno, no nos adelantemos. Al final de este cuento sabrán de qué estoy hablando.
jueves, 25 de junio de 2026
EL PAQUETE
Una corta historia sobre las consecuencias de la curiosidad excesiva.
martes, 16 de junio de 2026
LA COMETA Y EL TREN
Este es un recuerdo de la infancia, teñido por el paso del tiempo y la nostalgia. Pero es por lo menos un noventa por ciento real.
martes, 26 de mayo de 2026
RENACIMIENTO
El presente relato nos invita a padecer una de las peores pesadillas para quienes amamos los libros: un mundo donde la gente ya ni siquiera sabe leer. Aunque al final aparece un pequeño rayo de esperanza para devolvernos nuestra humanidad.
Me encantaría recibir comentarios de los lectores. Es bueno saber que hay seres humanos del otro lado.
lunes, 11 de mayo de 2026
PAPI
Natalia y Jorge se criaron en el mismo barrio. Sus casas, unidas y separadas por un muro bajito. Ambos hijos únicos, forjaron una amistad casi simbiótica, pese a las diferencias sociales.
La madre de Jorge había heredado la casa de un tío lejano, en una zona donde su situación económica nunca se lo hubiera permitido.
Los padres de la muchacha, pese a ser de clase acomodada, nunca se opusieron a esa amistad que con los años se convirtió en una relación de pareja devenida en matrimonio.
Era muy gracioso ver a Jorge decirle “papi” a don Germán, el padre de Natalia.
Cuando lo llevó a trabajar con él en su empresa, le advirtió dos cosas: iba a tener que ganarse los ascensos cómo cualquier otro empleado. Lo principal, que no le dijera papi en la oficina. Allí sería el Sr. Gutierréz. A veces, sin embargo, se le escapaba el apelativo cuando estaban solos en la oficina de su suegro, quién afectuosamente le recordaba no hacerlo.
—Usted no ha escuchado eso —le indicó Germán a Graciela, la secretaria de su yerno, cuando se le filtró la dichosa palabra en medio de una conversación.
—No escuché nada, señor—respondió muy seria.
—Más le vale, señorita.
Jorge se aplicó mucho al trabajo y ascendió rápido. Graciela subía con él. Porque era muy eficiente. Y porque además...
Graciela, fascinada con el paisaje en su primera travesía en avión, casi no le prestaba atención a Jorge.
—Es la tercera vez que te la pido. Dame la tarjeta, por favor.
Ella se la entregó sin mirarlo. Jorge la guardó y sonrió con astucia.
« Por suerte el estado bancario me llega al email privado, Natalia nunca va a saber que viajo acompañado»
Había dejado su cuenta al borde del vacío, pero valdría la pena. Dos semanas lejos de todo, con aquella mujer a la que todo lo que le faltaba de cerebro, le sobraba de pasión y sexualidad.
Su esposa… bueno, era una gran mujer, hermosa, sexy, compañera como pocas. Mas con los años, los hijos, las responsabilidades y el trabajo, la pasión había decaído hasta convertir el sexo en una casi placentera rutina.
Jorge era incapaz de reconocer su parte de culpa. Lo poco que ayudaba en casa, la escasa atención que le prestaba, el casi exiguo tiempo dedicado a su relación. El encuentra sexual carecía del juego previo que antes tanto disfrutaban; las caricias, los besos, el franeleo, todo había desaparecido. Solo cuando su miembro no aguantaba dentro del bóxer, la buscaba para ir derecho al coito sin importarle si ella quería. ¡Y ay de que le reclamara su actitud!
Ya no somos dos gurises, decía. Estoy cansado. ¡Cómo se nota que vos no trabajás!
Imposible qué Jorge entendiera todo lo que ella hacía. Ocuparse de la casa, la comida, llevar a sus hijos a sus múltiples actividades, ayudarlos con los deberes, escucharlos cuando necesitaban hablar, cuidarlos. Todo eso la agotaba. Y sin embargo, siempre lo esperaba con su mejor sonrisa y el hogar sin rastros del caos vivido a lo largo del día.
Con el tiempo, ella empezó a hablar en voz baja, casi en susurros, solo cuando estaba con él. Para que forzar la garganta. Sabía que Jorge la escuchaba con la misma atención con que un ciego miraría la caída del sol. Cuando le informó del viaje al que no la llevaría, ella supo lo que tenía que hacer. No dijo una palabra, no hubo ningún reproche. “La fruta cae cuando está madura”—pensó Natalia.
En el hotel, el recepcionista le devolvió la tarjeta con una sonrisa.
—Su jefe debe apreciarlo mucho para pagarle este hotel de lujo —dijo sorprendido.
—¿Qué? Sí, claro —respondió sin prestar atención. Su bragueta ya no resistía la presión. El deseo incontrolable hizo que las palabras del recepcionista atravesaran sus oídos.
Dos horas más tarde, saciados ya sus más básicos instintos, abrió la valija para buscar su exclusivo jabón de baño.
—¡Qué suerte tienes de trabajar para tu padre! ¡Puedes tomarte vacaciones cuando quieras!-dijo Graciela.
«Maldita tonta. Aún no entiende que Germán es mi sue...»
Su pensamiento se interrumpió por un terror atávico. Sobre su ropa, un sobre con la letra de Natalia. No podía ser bueno. O sí. Una carta de amor quizás. «Pobre tonta» pensó desdeñoso.
No había carta. Del sobre cayeron pedacitos de un plástico que reconoció enseguida.
Sacó la tarjeta corporativa del bolsillo del saco y ahora sí las palabras del recepcionista cobraron sentido. Aquellas fueron las peores vacaciones de su vida.
viernes, 24 de abril de 2026
CUESTIÓN DE TIEMPO
El tiempo no deja de ser una subjetiva creación humana —dijo el Doctor Marcio Gómez a su discípulo—. No es algo tangible que se pueda manipular a discreción.
Manuel Urrutia torció la boca con desagrado. Su profesor era un hombre brillante pese a no ser alguien de mente abierta.
—Piense, profesor —dijo con el entusiasmo propio de su juventud—. ¿Acaso la dilatación cuando viajamos cerca de la velocidad de la luz no es real? Piense todo lo que se podría lograr si consiguiéramos detener el tiempo. Las posibilidades son infinitas.
—Supongamos que lograras hacerlo. ¿Cómo evitarías que no se detuviera también para vos? ¿Cuánto espacio abarcaría la parada? ¿Esta pieza? ¿Esta ciudad? ¿Una persona?
—Empezaríamos por algo simple —dijo Manuel—. Una persona sola. O mejor aún. Una parte del cuerpo. Supongamos que me corto un dedo, no paro de sangrar y estoy solo. Detengo el tiempo para la mano, mientras espero que llegue alguien o llamo para pedir ayuda. ¡Sería genial!
El doctor Gómez sonrió ante la ingenuidad de su alumno.
—Entonces la sangre dejaría de circular por tu brazo. ¿O pensás que va a encontrar un camino alternativo para esquivar la parte congelada en el tiempo? No sería una solución muy brillante. Terminarías perdiendo todo el brazo si demorás mucho. O muriendo. Por algo ya no se usan los torniquetes. No soy médico, pero podemos preguntarle a uno si quieres.
Manuel no se iba a a rendir así nomás. Necesitaba el apoyo de su profesor para la máquina que había inventado. La había nombrado pomposamente “Urrutia’s time sttoper”. ¿Por qué en inglés? Quizás porque sonaba más impresionante que “La máquina de detener el tiempo de Urrutia”. Además de ser mucho más corto.
—A lo mejor tiene razón en lo del dedo. Pero, con todo respeto, tengo un ratón dentro de mi máquina hace tres semanas y no se le mueve ni el bigote. Está detenido en el tiempo.
—¿Qué tenés un ratón detenido..? ¿Dónde?
—En la “Urrutia’s time sttoper”. Como le dije, lleva tres semanas y no se le mueve ni el bigote.
—Eso tengo que verlo. Pero te advierto, jovencito, que vas a tener que dar muchas explicaciones. De dónde salió el dinero, quién te autorizó a hacerlo y si hay alguien más implicado.
—El dinero lo puse yo. Y nadie me autorizó ni me ayudó. El mérito es todo mío. Venga conmigo, por favor.
Manuel guió al profesor a un viejo edificio de la facultad que no se utilizaba hacía tiempo. Destapó una caja transparente sin tapa, de unos treinta por cincuenta centímetros, rodeados por una gran cantidad de aparatos que el brillante doctor en física fue incapaz de reconocer. El ratón estaba a medio camino de una caída, con el terror reflejado en sus ojos y las patas delantera estiradas como tratando de amortiguar el golpe. Le separaban escasos diez centímetros de piso de la caja. Gómez buscó los hilos invisibles u ocultos, y estudió al roedor para ver si se trataba de un juguete o un ratón embalsamado.
—¿Qué le parece? —preguntó ufano el joven estudiante—. ¿Me cree ahora?
—Creo que es un truco excelente, pero aún no lo descubro.
—No hay truco, profesor. Esto es ciencia pura. Dentro de la caja el tiempo no avanza. Si se fija bien, incluso podrá ver las motas de polvo suspendidas en el aire.
Gómez se acercó a la caja y observó con detenimiento. O su alumno era el mejor ilusionista sobre la tierra, o el físico más brillante y talentoso de todos los tiempos.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó azorado—. ¿Cómo diablos lo lograste?
—Ya se lo dije, profe. Ciencia aplicada. Debería estar orgulloso de ser mi mentor. Y ahora, si me permite, volveré a nuestro involuntario colaborador a la vida.
Manuel se acercó a la pantalla táctil del aparato, digitó hábilmente los controles y el ratón culminó con éxito su viaje hacia el suelo, recuperando su vitalidad. Sacó al roedor de la caja y lo llevó a un intrincado laberinto. El animalito lo recorrió a una velocidad sorprendente, sin dudar nunca el rumbo a tomar. Llegó al queso, lo comió con desesperación, y segundos después, cayó muerto.
—Efectos secundarios —apuntó el joven—. El anterior había estado seis días y murió antes de llegar al piso de la caja. Una colega de veterinaria le hizo la autopsia. Mostraba un crecimiento desmesurado del cerebro, lleno de sinapsis nuevas. El que murió ahora nunca había estado en el laberinto. Y usted vio lo rápido que resolvió el camino. Como si se hubiese vuelto más inteligente. Necesito seguir modificando mi invento. Necesito armar una máquina donde puede meter a un ser humano que pueda contarnos lo que siente, si la mente sigue activa o es como un sueño profundo. Para eso se necesitan más recursos. ¿Está dispuesto a trabajar conmigo, profesor?
—¡Por supuesto que no! —bramó el aludido—. Esto es una locura. ¿Has pensado en las implicaciones morales y éticas de tu invento? Estás experimentando con seres vivos, encima sin autorización. ¿No se te ocurrió probar con una fruta, por ejemplo?
—Fue lo primero que hice. Una manzana. Tres semanas en la máquina y ni siquiera empezó a machucarse. Pero tenía un gusto horrible y me provocó diarrea. Por suerte le dí solo un mordisco pequeño.
El doctor Gómez no podía dar crédito a lo que escuchaba. Era insólito que su alumno fuera tan inteligente para algunas cosas y tan estúpido para otras.
—¿No se te ocurrió hacerla analizar antes? Ahora recuerdo, el olor a podrido en el laboratorio de ciencias. La maldita manzana, ¿o me equivoco?
—Eran mis gases por culpa de la manzana. La tiré por esa ventana para afuera. Creo que un perro se la comió. Debe haberse cagado parado, ja, ja.
El profesor a duras penas podía contener las ganas de acogotar a ese idiota.
—¡Imbécil! —bramó—. Mataste a Clara, la perra del director. ¡Tan brillante qué parecés! ¡Dios mío! ¡Con razón no pudieron salvarla, pobrecita! Vas a tener que dejar de jugar con el tiempo. Voy a hablar con el decano y aconsejarle que te expulse de la facultad.
—No lo creo, querido profesor —ironizó Manuel sacando un arma de entre sus ropas—. Se convierte en mi aliado o se muere —agregó mientras amartillaba el arma.
Gómez pensó en lanzarse encima de su loco alumno, pero si fallaba nadie podría detenerlo. No le quedaba más remedio que jugar su juego.
—Ahora que nos entendemos, profesor, vamos a comprobar mi pequeño experimento de la mano y la sangre. Aunque solo fue una estupidez que usé para ver su reacción, se me antoja comprobar que tan cierta es su teoría. Hay una tijera de podar en esa mesa. La iba a usar para probar con una flor, pero ahora usted la va a tomar y se va a cortar la punta de un dedo.
Sabiendo que era imposible razonar con el enajenado joven, hizo lo que le ordenó, tratando de no gritar. La sangre empezó a brotar de su despuntado índice.
Manuel activó la máquina y le señaló que metiera la mano. Cuando su dedo pasó la mitad de la caja, la sangre se detuvo. Sin embargo, el resto de su mano se sentía normal. El campo temporal parecía no abarcar la mitad superior de la caja.
— ¡Lo sabía, lo sabía, soy un maldito genio! —gritó Manuel enfervorizado—. ¡Yo debería ser el profesor y usted mi tonto alumno, ja, ja!
Empezó a bailar girando y tirando papeles hacia arriba. Comenzó a dar vueltas alrededor de la máquina. Gómez aprovechó a hacerle una zancadilla cuando pasó junto a él, derribándolo. Sacó la mano del cubo y se lanzó encima de Manuel. El arma voló lejos. La juventud de Manuel no era rival para la corpulencia y buen estado físico del maestro, que lo tiró al suelo con un puñetazo y fue a buscar el arma. Al darse vuelta hacia Manuel, la sangre se le heló en las venas. Porque el joven se metió de cabeza en la caja sin que pudiera evitarlo.
Gómez no sabía como apagar la máquina y pronto Manuel empezó a convulsionar. Corrió al tablero y bajó todos interruptores. Por suerte la luz natural era buena.
Mientras trataba sin éxito de sacar la cabeza de su joven alumno de la máquina, este abrió los ojos y comenzó a reír a carcajadas.
—No se moleste, profesor, puedo sacar la cabeza cuando quiera. Pero ahora voy a continuar con mi experimento. Observe.
Ante la atónita mirada del profesor, el arma voló a la mano de Manuel.
—Podría matarlo ahora, pero quiere un testigo de cómo aumenta mi inteligencia. No intente detenerme. Mi mente no se detuvo un segundo. Ahora soy mucho más inteligente que antes. Pero no es suficiente. Voy a reactivar la máquina con mi poderoso cerebro, y usted no podrá evitarlo. Mire y aprenda.
Gómez retrocedió con espantoy cayó sentado. Los interruptores qué había apagado empezaron a subir uno a uno, como movidos por una mano invisible y la máquina se encendió de nuevo.
—¡A máxima potencia! —gritó enfervorizado. Fueron sus últimas palabras. Su cuerpo volvió a convulsionar, esta vez con mucho más violencia hasta quedar exánime.
No precisó acercarse para saber que el muchacho estaba muerto. Volvió a cortar la corriente a la máquina. Lo único que le quedaba por hacer era destruirla y rezar por que nadie encontrara los planos. Estaba seguro que su ahora ex alumno los tendría en su laptop protegidos por varias contraseñas. No iba a correr riesgos. Pese a lo impactado que estaba, aún le quedaron fuerzas para encender algunos de los muchos papeles desparramados por el desaforado baile del genio loco. Esperó que el fuego llegara a su infortunado alumno y salió en silencio.
Cuando llegó a su oficina, el viejo laboratorio ardía junto con los sueños y la locura de Urrutia. Tentado estuvo de revisar el laptop que el muchacho había dejado en su oficina. Resistió la tentación. Sacó el disco duro y lo frió en el microondas, entre chispazos y explosiones. Recién cuando hubo terminado, se dio cuenta lo extraño que se veía su dedo y se asustó. Pensó en como justificar ese estado y tomó una dolorosa decisión. Fue hasta su auto, abrió la puerta y la cerró de golpe sobre su maltratado índice. El grito se escuchó en todo el edificio.
martes, 21 de abril de 2026
¿NO LE PARECE, DOCTOR? (CUENTO COMPLETO)
¿Puede un golpe de suerte convertirse en una desgracia? Al protagonista de esta historia, la fortuna repentina se apresta a jugarle una mala carta. ¿Podrá salir bien librado? O acaso....
viernes, 3 de abril de 2026
LA CASA VACíA
El reto de marzo de literautas (https://www.literautas.com/), nos proponía crear un texto con el título "La casa vacía". Cómo desafía extra, debería estar escrito en tiempo presente. Siempre me gusta agregarle algo extra al reto, en este caso, que quién narrase la historia fuese la propia casa. Este es el resultado. Espero que lo disfruten.
SE AGRADECEN LOS COMENTARIOS. ES BUENO SABER QUE HAY SERES HUMANOS DEL OTRO LADO DE LA PANTALLA
Han pasado seis años ya desde la muerte de la señora Celia, mi última moradora. La capa de polvo que cubre mis pisos crece cada día, ayudada por el viento que se cuela a través de las ventanas sin vidrios, destrozados hace tiempo por una panda de chiquillos malhumorados y aburridos, incapaces de entender mi sufrimiento.
Soy solo una casa vacía que antes fue un hogar lleno de amor y alegría. El lugar donde Celia y Romualdo criaron seis hijos a los que vi crecer y marcharse apenas pudieron.
Cuando Celia quedó viuda, ya todos sus hijos nos habían abandonado. A pesar de sus achaques cada vez mayores, ella siempre se las arregló para mantenerme impecable sin ayuda. El día que la ambulancia vino a buscarla, supe con seguridad que ya no volvería.
Sus hijos, incapaces de ponerse de acuerdo en qué hacer conmigo, me vaciaron de todo aquello que consideraron valioso y me abandonaron a mi suerte.
Mis mejores años se pierden en la bruma del pasado. Demasiado tiempo hace que mis cañerías están secas, y la electricidad que supo alumbrar las noches familiares es apenas un viejo recuerdo.
A veces algún vagabundo se acerca a pernoctar y deja sus excrementos y miserias abandonados en cualquier lugar. El olor se hace día a día más insoportable.
Las goteras cada vez más grandes convierten el polvo en barro cuando llueve.
Desde fuera debo parecer una vieja casa embrujada. Por algo las criaturas del bosque nunca se acercan a mí. Me he convertido en una pobre cáscara vacía, pudriéndome de a poco por obra del tiempo y el hastío. Pensar que supe ser una especie de paraíso para aquella joven pareja amante de la naturaleza y el silencio.
La vegetación poco a poco me va abrazando; las hierbas crecen entre las hendijas de mis pisos y las ramas de los árboles se cuelan por las desvencijadas ventanas. Pero los pájaros no anidan en ellos, ni florecen en primavera. Ni siquiera las cucacharas hacen cosquillas en lo que va quedando de lo que alguna vez fue un hermoso cielorraso.
Muchas noches sueño con que una de esas máquinas de destrucción que crearon los humanos pasa por aquí y termina con esta inútil agonía de existir sin ser. Pero no sucede.
El viento, cuando sopla fuerte, me trae las quejas de otras casas que como yo, han perdido su razón de vida. Otras afortunadas, más modernas y cercanas a las rutas, reciben visitas diarias de muchos bichos. Incluso algunos pequeños mamíferos las convierten en sus hogares permanentes. Claro, tienen árboles frutales cerca, y por la desidia de los humanos, aun reciben agua corriente.
Pienso, pienso, pienso. ¿Habrá una forma de acelerar mi final y terminar con este horrible presente de ser sólo una cáscara vacía, perdida en lo que antaño fue una urbanización de moda?
¿Y si ese grupo de muchachos que llegó esta mañana pudiera ayudarme? ¿Cómo? Entraron a mí nada más qué con la tarea de arrancar zócalos y contramarcos para hacer fuego afuera. Sin duda, unos paletos de ciudad que no se dan cuenta de que están rodeados de leña por todos lados. Incluso lo que quedaba de la baranda del porche les había servido para preparar su fogata.
Ahora cantan y tocan la guitarra mientras cocinan algo a punta de llama. ¿Y sí…? ¿Por qué no?
Necesito llamar su atención. Tal vez con un ruido. Concentro mis fuerzas en hacer caer una tabla del techo. El ruido los alerta. Están asustados y no se animan a entrar. Un piedra papel o tijera define quién lo hace. El desafortunado joven toma una gruesa rama con la punta al rojo vivo para defenderse y entra temblando. Está cerca de la montonera de hojas que el viento acumuló en un rincón. Es ahora.
Por más que me esfuerzo, no consigo tirar otra tabla. Debo apurarme o va a salir. Para mi fortuna, uno de sus tontos amigos explota una bolsa inflada detrás del muchacho. Aterrado, deja caer la rama y en segundos, todo arde.
Libre al fin, mi alma sube más rápido que el humo cada vez más espeso. Los excursionistas huyen asustados, mientras el viento expande el fuego sin piedad, liberando a otras hermanas abandonadas.
No sé que pasará ahora. Pero nada puede ser peor que el abandono y la lenta destrucción. Ojalá, el cielo sea algo más que una loca fantasía de los humanos. Ojalá Celia y yo volvamos a estar juntas.
martes, 24 de marzo de 2026
EL ÚLTIMO (Cuento completo)
Este cuento cierra mi libro "El nieto del dictador". Basado en el microcuento de Frederic Brown citado a continuación, es una distopía donde trato de imaginar cómo sería la vida en esa soledad extrema. Espero que lo disfruten.
El último hombre sobre la tierra está en su habitación. Golpean a la puerta.
Frederic Brown
La tormenta arreciaba cada vez con más furia. El hombre trancó las ventanas y se sentó a comer solo, como todas las noches durante los últimos veinte años. Le había costado acostumbrarse a aquella soledad forzosa, interminable, dolorosa.
Luego de que la última gran guerra bioquímica eliminó a todos los seres del reino animal terrestre (incluidos casi todos los humanos), despertó un día sin saber cómo ni por qué había sobrevivido a aquella locura global. Poco podía recordar de su vida anterior, pero sí sabía que el intento de suicidio motivado por el deseo de escapar de los horrores de la guerra le había salvado la vida.
Disponía de todo un mundo para él, de las instalaciones que habían sido construidas para una población de diez mil millones de habitantes, y todo funcionaba a la perfección sin necesidad de intervención alguna. El incesante progreso tecnológico de finales del siglo XXI había automatizado todo de tal modo que en cualquier punto del globo en que decidiera quedarse dispondría de agua potable y energía eléctrica por el resto de su existencia.
Meditó sobre los aciagos años transcurridos desde que había despertado de aquel inexplicable sueño inducido por dos frascos de tranquilizantes mezclados con el contenido de aquella botella negra de gusto amargo que pensó que era veneno. Sin querer descubrió así el antídoto para la peste que había eliminado toda vida animal.
Recorrió el planeta en los vehículos antigravedad disponibles por todos lados, con la esperanza de encontrar a algún otro sobreviviente. Ciudades enteras vacías, muertas, silenciosas. La Tierra se había convertido en un enorme cementerio alimentado por la estupidez de una raza que había alcanzado la madurez tecnológica estando aún en la infancia moral.
Cuando por fin aprendió a manejar los equipos y logró comunicarse con las bases humanas en la Luna y Marte, supo por los autómatas que las mantenían funcionando que tampoco allí se había salvado nadie.
Cuando se cansó de recorrer el mundo, cuando la esperanza de encontrar a algún otro ser se desvaneció, cuando por fin fue capaz de aceptar que estaba solo, que era el único sobreviviente de una raza que había creído ser la cima de la evolución, cuando se aburrió de comer la comida enlatada e hipercongelada que tenía a su disposición en miles de supermercados de todo el mundo, se estableció allí, en el campo. Aprendió a cultivar sus propias verduras, a amasar su propio pan. Aprendió el arte de la meditación y en su mente se fijó la idea de que, por alguna desconocida razón —una muy difícil de comprender o descubrir—, él había sobrevivido a aquella autoextinción. ¿Por qué?, ¿para qué? Tenía toda la vida para descubrirlo.
A pesar de su inevitable soledad, nunca se aburría. Además del trabajo en la huerta y la panadería, disponía de miles de películas en DVD y VHS, de millones de libros y de cuanta música pudiera desear. Claro que a veces la nostalgia por la compañía humana lo invadía y sentía enormes deseos de llorar. Entonces recurría a los clásicos universales del humor, a Chaplin, Abot y Costello, los hermanos Marx, el Gordo y el Flaco, Les Luthiers. Ellos lo consolaban y, al menos por un rato, lo hacían sentirse acompañado. Sin embargo, aquella noche creyó que la cordura lo abandonaba definitivamente. Alguien estaba golpeando la puerta. Bajó la música y esperó tenso. El rítmico golpeteo se repitió. ¿Alucinaba?
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
El llamado se repitió por tercera vez. Ahora no tenía dudas.
¿Sería una mujer? Añoraba tanto el contacto con una piel cálida, suave, el roce de otros labios sobre los suyos, el estremecimiento de los sentidos agitados por el deseo y la pasión. Sintió que le faltaba el aire. ¿Y si era un hombre? Bueno, tampoco le vendría mal un abrazo, un sincero apretón de manos, una conversación larga y distendida, unos ojos donde mirarse y sentir que ya no volvería a estar solo.
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
—¿Quién es? —preguntó entre asustado y feliz.
¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!
Nuevamente no hubo respuesta, pero los nudillos contra la puerta volvieron a sonar.
Acercó la mano temblorosa. ¡Qué importaba quién fuera o cómo fuera! Por la forma de golpear sólo podía ser un ser humano igual a él, buscando refugio en aquella inhóspita noche.
Cuando su mano aferró ¡por fin! el pomo de la puerta, sintió que la sangre se agolpaba en sus sienes mientras el corazón se le aceleraba bruscamente y percibió una sensación nueva, desconocida, una energía que lo recorrió de pies a cabeza hasta que, segundos después, lo arrojó exánime varios metros más allá, liberando para siempre su alma de aquella indescriptible soledad.
Afuera, los cables eléctricos volteados por la feroz tormenta chispeaban de a ratos electrificando la puerta donde, a intervalos regulares, el viento jugaba con el aislador aéreo, haciéndolo golpear rítmicamente con un casi humano toc, toc, toc.
miércoles, 4 de marzo de 2026
HOBBY DOGGING
Hay una nueva moda en europa llamada "hobby Dogging" donde la gente sale a pasear mascotas inexistentes, e incluso forman clubes y entrenan sus mascotas imaginarias en circuitos para perros reales. La capacidad de asombro se pone a prueba día a día.
VALIENTE
Una historia sencilla sobre un caballo y su dueño, inspirado en un cuadro de Pedro Figari.
miércoles, 25 de febrero de 2026
LA CULPA
¿Puede existir una emoción más inútil y corrosiva que la culpa? En este fantasmagórica historia, un hombre busca expiar la suya para poder dormir en paz, confrontando a quién, según él, fue el verdadero causante de una horrible tragedia. ¿Podrá conseguirlo?
viernes, 20 de febrero de 2026
Y me preguntas por qué
Me preguntas por qué escribo,
(por qué necesito hacerlo)
para qué lo hacés, me dices
si quizás nadie te lea
y si te lee no entienda
y si lo entiende se burle
te diga que porquería
cuantas palabras gastadas
y al final, la nadería
Me preguntas por qué escribo
si leer pasó de moda
si hacer tiktok es más fácil
mucha más gente los mira
aunque teniendo esa cara
y esa voz de porquería
que a duras penas se entiende
entiendo que no lo harías
Me lo preguntas de nuevo
¿no te sirve mi respuesta?
¿No entendés que necesito
hacerlo aunque no se venda?
Que las palabras del alma
se agolpan contra mi puerta
porque me duele la vida
porque me mata la guerra
y necesito sacarlas
gritarlas aunque me duela
pues si quedan adentro
el alma se me envenena
Ya no preguntes, so necio
yo no espero que lo entiendas
igual que yo no comprendo
tu pasión por la riqueza
que todo midas en plata
tu amor por acumular
nada te vas a llevar
cuando dejes este mundo
bien ligeros de equipaje
la parca nos llevará
y de nada servirá
todo eso que ganaste
solo el amor que sembraste
para siempre vivirá
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La consigna de este mes de literautas ( https://www.literautas.com/ ) tenía solo tres condiciones. Dos palabras; moneda y trampa. Y un fina...
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Este cuento es el que da título a mi único libro publicado hasta la fecha. He decidido brindarlo completo por este medio. Espero que lo dis...
